El dilema de la pizza

El servicio a domicilio es una bendición para quienes trabajamos hasta tarde los fines de semana. En búsqueda de una pizza, descubrimos que conocíamos ampliamente los comercios más no sus teléfonos. La primera reacción fue: googlearlo y darnos cuenta de que la gran mayoría de pizzerías que nos gustan, no estaban ahí.

Terminamos descubriendo una nueva opción. Tienda chica, menos de diez trabajadores, apenas un par de repartidores, un menú sencillo y económico pero lo más importante: con página web.

Haciendo memoria descubrí que instintivamente en la actualidad todos googleamos para encontrar el número, el menú o el precio de las pizzas, los licuados, las ensaladas y eso nos deja como lección una cosa:

No hay pretexto para no tener presencia en Internet. Por más pequeño que sea el negocio. Hay mucha gente que está buscando lo que vendes, pero no te encuentra, simplemente porque no estás.

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Imagínate…

Imagínate que entras a una tienda. Te reciben amablemente, con atención.

No te hostigan queriendo que compres alguno de sus productos, ni te invaden con múltiples opciones, por el contrario, te hacen sentir cómodo.

No te hablan, te escuchan.

Demuestran interés por tus necesidades.

Imagina que conocen sus productos y resuelven tus dudas sobre los beneficios y/o especificaciones de lo que planeas adquirir.

Que te despiden con una sonrisa, con gusto, con pasión por lo que hacen.

Los mejores casos éxito los he conocido de negocios que no venden sus productos, sino su servicio.

Actualmente es un producto que escasea en el mercado y tiene una altísima demanda. Apuéstale, te garantizo que saldrás ganando.

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El servicio lo es todo…

Desde una perspectiva muy básica:

Una empresa busca generar ingresos, para ello, ofrece un servicio y este se presta a través de trabajadores que deben satisfacer las necesidades de los clientes.

Hasta ahí, la cadena va bien. Pero uno de los problemas más recurrentes es que en busca de una mayor productividad, para generar más réditos, los empresarios no prestan atención a sus contrataciones y por ende, no ponen especial énfasis en la calidad del servicio brindado.

Pero es un hecho: el servicio al cliente lo es todo…

No basta con tener buena aptitud, lo primordial es la actitud.

Si es necesario, hay que hacer el ridículo­. [1]

¿Casos de éxito?

Nota:

[1] Haciendo el ridículo… es un artículo de extraído del blog de Manuel Molina, conferencista, consultor y especialista en marketing electrónico.

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