El dueño de la Luna

Recientemente me suscribí a un canal en línea que transmite en vivo, partidas de diversos videojuegos. Me costó 4 dólares 99 centavos. Lo interesante de esta compra es que no conozco muchos de los juegos que transmiten y no tengo el mínimo interés en ellos. Lo último que jugué, seguramente fue el Super Mario Bros 3.

Como este ejemplo, existen algunos “consumos digitales” como me gusta llamarlos que he hecho durante los últimos años. Mis amigos critican que compro “aire”, que gasto en “nada” dicen. Me hacen sentir timado por personas más visionarias que han logrado hacer de la web su modo de vida.

Y en parte esto es cierto. La chica que lidera el canal de videojuegos -mexicana residiendo en Canadá-, vive únicamente de jugar videojuegos en internet e interactuar con las decenas de fanáticos que participan activamente en su sala de chat.

Ese fue precisamente el origen de mi acercamiento. Me encanta analizar y desmenuzar la forma en que la tecnología ha impactado en la forma que hacemos las cosas de manera cotidiana. Me produce una curiosidad enorme el fenómeno de conducta y todo alrededor de personas que generan contenidos en Internet y viven de ello.

Me declaro fanático de la ruptura de paradigmas generados desde que un grupo de visionarios, descubrieron maneras de aprovechar Internet y vivir dignamente de lo que generan para sus usuarios, los más afortunados, haciendo lo que aman. Me parece un tema digno de un amplio estudio sociológico.

Viene todo esto a colación por un cuento que recién descubrí, escrito por Hernán Casciari en agosto de 2006, donde relata la vida de Denis Hope, un ventrílocuo fracasado que se convirtió en 1980 en legítimo dueño de la Luna que se vende en pequeñas parcelas por 19 dólares y 99 centavos.

Ante los ojos de muchos, racionalmente todo esto no tiene una justificación clara. Sin embargo, mis consumos digitales me hacen compartir un vínculo con el sentimiento de Hernán, dueño de un pequeño pedazo de la Luna. Nunca había comprendido del todo mi curiosidad, hoy todo me ha quedado claro. Les comparto el cuento.

Leer el cuento: La luna, a retazos y en liquidación

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